Reglas de oro para visitar a un recién nacido

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Hace unos meses, mi mejor amiga dio a luz a su primer bebé. Ni ella ni su pareja tienen familiares en esta ciudad, pues apenas hace dos años se les presentó una oportunidad de trabajo en el D.F., aprovecharon una venta de departamentos en la Condesa y se mudaron. Así que desde los primeros meses del embarazo, nos pidieron apoyo a mí y a otra amiga muy cercana, para que estuviéramos presentes en el hospital, cuando llegara el momento del parto. Por supuesto que accedimos y además nos ofrecimos a brindarles la ayuda que necesitaran para llevar al bebé a casa y adaptarse durante los primeros días.

Dicen que el nacimiento de un bebé es una de las experiencias más hermosas en las que se puede tomar parte. Con el nacimiento del bebé de mi amiga, y mi primer ahijado, por cierto, pude comprobar que el dicho es cierto. Pero también descubrí que en torno a este acontecimiento puede haber muchas situaciones agobiantes e incómodas. Una de ellas es la llegada de las visitas.

Naturalmente, otras personas, además de las amistades más cercanas, sabían del embarazo de mi amiga. Cuando la futura mamá ingresó al hospital, tanto su pareja como nosotras recibimos cientos de mensajes de amigos, compañeros de trabajo y vecinos, preguntando cómo iba todo. Esto nos pareció bastante normal y sin duda los nuevos papás se sintieron muy apreciados.

Lo que ya no resultó tan grato, fue la insistencia de muchas personas en preguntar si ya podían ir de visita, el enojo de las mismas cuando nos tardábamos en responder a sus mensajes y la llegada de personas sin previo aviso, que casi exigían ver a la mamá y al bebé (recuerdo que una de ellas llegó con una hermosa cobija de cashmere, e insistía en dársela a mi amiga en ese momento; el detalle se aprecia mucho, pero, vamos, lo que más necesitaban la mamá y el bebé era descansar).

Afortunadamente, entre mi otra amiga y yo controlamos la situación y logramos que los visitantes espontáneos entendieran que no era el mejor momento para conocer al bebé y que ya tendrían noticias de los papás para que visitaran al pequeño en casa. No obstante, al estar en la sala de espera vimos que el desfile de visitas es un fenómeno muy común y aunque seguramente obedece a muy buenas intenciones, no siempre es lo mejor, ni para los papás ni para el bebé.

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Por eso, después de la experiencia, escribimos estas reglas de oro para visitar a un recién nacido:

  1. Antes de acudir, llama

Si quieres visitar a la mamá y el bebé en el hospital, es recomendable que al menos dejes pasar 24 horas. Este periodo es esencial para que ambos descansen y comiencen a conocerse y también para que el resto de la familia o acompañantes se recuperen. Sin embargo, es muy probable que los padres y la familia cercana quieran intimidad durante los primeros días de vida del recién nacido. Por ello recomendamos llamar o enviar un mensaje, antes de presentarte en el hospital. Primero que nada, pregunta por la salud de la mamá y el bebé; luego comunica tus intenciones de visitarlos y pide que, con toda libertad, te digan cuál sería el mejor momento para hacerlo.

  1. Procura que la visita sea breve

Ya sea en el hospital o en casa, las visitas a un recién nacido y a una mamá convaleciente deben ser breves. Ambos necesitan tiempo para conocerse, adaptarse y descansar. Además, necesitan establecer rutinas para el sueño, la alimentación y el baño, que deben cumplirse con puntualidad. Por tanto, sólo acude a dar tus buenos deseos, a ver al recién nacido y a prestar ayuda, si te lo permiten y se puede.

  1. No insistas en cargar al bebé

Un recién nacido no es un juguete ni una novedad que deba ser inspeccionada por todos. Necesita empezar a confiar y sentirse tranquilo en brazos de sus padres y de la familia más cercana (quienes vivan con él), antes de pasar por las manos de varios desconocidos. Mejor háblale suavemente, hazle una pequeña caricia y si está dormido, conténtate con verlo.

  1. No visites a un recién nacido si estás enfermo

No importa si se trata de un resfriado ligero; cualquier contagio puede ser sumamente grave para un bebé que apenas está desarrollando sus defensas. Si ya quedaste de pasar a visitar y aún te sientes enfermo o comienzas a sentirte mal el día señalado, llama, ofrece una disculpa y promete ir cuando te recuperes.

  1. Busca formas alternativas de mostrar tu afecto

Estar presente en el hospital o la casa no es la única forma de acompañar a tus amigos o familiares que van a ser papás. Hay otras cosas que puedes hacer y que de hecho son más útiles. Por ejemplo, si la pareja tiene otros hijos, ofrécete para cuidarlos mientras están en el hospital o para llevarlos de paseo cuando al bebé le toca baño. Cuando vayas al supermercado, llámales para preguntar si necesitan algo. Y el día de la visita, llévales algo que pueda serles útil o algún detalle para consentir a los hermanos.